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miércoles, 2 de marzo de 2016

Los granos, su valor nutricional

El año pasado, año internacional del suelo, terminó con unas declaraciones por parte de la OMS que si bien ocasionó controversia no cogió por sorpresa a los profesionales de la salud, en el sentido de establecer la asociación entre el cáncer y el consumo de carnes rojas o procesadas. La OMS confirmó esta asociación pero no establabecio la magnitud de la misma. A modo de ejemplo diremos que tanto el tabaco como las carnes rojas mantienen esta asociación con el cáncer pero difiriendo enormemente en la intensidad de la misma. Si la prevalencia de cáncer de intestino es del 6% (60 personas de cada mil) el hábito del consumo de carnes puede abrir el abanico de posibilidades entre un 5,5 y 6,5%. Esta es la cuantificación del problema real que se ha comunicado. La recomendaciones sanitarias nos están indicando que debemos diversificar la dieta hacia productos de origen vegetal sin olvidar que la carne es buena para consumir con moderación, y es una importante fuente de proteínas, minerales (hierro, zinc, selenio) y vitamina B12.
La FAO ha recordado la importancia de los vegetales en la alimentación al declarar este año 2016 como el año internacional de las legumbres.
En el desarrollo del ser humano y su conversión de cazador a sedentario influyó su capacidad de controlar la naturaleza procediendo a su cultivo. El cultivo de los cereales y la obtención de sus granos fue clave para su subsistencia de igual forma a que lo sigue siendo en la actualidad.


¿Que son los granos y en donde radica  su valor nutricional?


La inflorescencia de la mayoría de los cereales está formada por un conjunto de espículas que pueden llamarse espigas o panículas en función a si están sentadas sobre el eje del tallo  o en ramificaciones más o menos largas, Las florecillas están incluidas en un par de brácteas (lema y palea) que al ser fertilizadas por el polen pueden ser desprendida del grano o carióspide distinguiendo a los granos desnudos (trigo) del los cubiertos (avena). Se distingue por tanto la capa externa o pericarpio de la semilla . Tanto el pericarpio como la parte externa de la semilla constituye el salvado, mientras que en el interno se distingue el endospermo amiláceo con la capa de aleurona y el germen o embrión.
La testa es la capa que da color a la semilla y que le protege del agua. La aleurona es la capà que limita el salvado del almidón del endospermo y es rico en ácido fítico. El salvado contiene fibra, minerales tales como hierro, zinc, cobre y magnesio, vitamina E, vitaminas del grupo B, y una multitud de otros compuestos bioactivos. Compuestos bioactivos (tales como flavonoides, carotenoides) tienen una acción biológica beneficiosa en el cuerpo y las últimas investigaciones sugieren que pueden, junto con la fibra ser responsable de muchos de los efectos de salud de los granos.
El endospermo es el suministrador esencial de energía para el embrión. El endospermo es el constituyente principal de la semilla y contiene hidratos de carbono en gran medida como almidón, algunas proteínas, y pequeñas cantidades de fibra, vitaminas y minerales.
El embrión es rico en proteína y grasa y en él se encuentra el escutelo encargado de movilizar los alimentos de reserva del endospermo. En el escutelo se localiza la mayor parte de la vitamina B del grano. Contiene también grasas esenciales insaturadas, vitamina E, selenio, antioxidantes, esteroles vegetales, y otros compuestos bioactivos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

LOS ALIMENTOS FORTIFICADOS

Llegados a los 50 años, muchos somos los que nos aferramos a la juventud resistiéndonos a reconocer que estamos en los primeros estadios de una vejez cercana y nos fijamos en nuestros ídolos de siempre, sin percatarnos que si los Rolling Stones han aguantado es porque en verdad les “gusta el Rock and Roll”. Entonces nos preguntamos si debemos ayudar a nuestro cuerpo aceptando de buen grado las benevolencias cardiovasculares de la viagra y surge la pregunta del millón ¿suplementos, sí o no?, surgiendo la respuesta de siempre, pues, “depende” y la controversia consecuente

¿Se debe enriquecer los alimentos con micronutrientes?

Tanto la fortificación de los alimentos como la suplementación vitamínica para conseguir una nutrición óptima sigue siendo un tema de debate fundamentalmente por el desconocimiento y la incertidumbre que esto ocasiona.

La inflamación asociada al envejecimiento ha demostrado ser un factor importante en el desarrollo de las enfermedades relacionadas con la edad tales como aterosclerosis (engrosamiento de las paredes arteriales y un factor de riesgo para la enfermedad cardíaca), la diabetes tipo 2 y la neurodegeneración que conduce a la disminución cognitiva. Intentar optimizar la dieta para reducir esta inflamación sería, pues, una forma inteligente de actuar en pro de nuestra salud, si no fuera porque cada organismo es diferente y actuar de forma colectiva para toda la población no deja de entrañar riesgos.

Cuando se fortifican alimentos se va persiguiendo dos objetivos evitar situaciones carenciales como se ha demostrado el éxito de la adición de vitamina A y D a las margarinas para erradicar el raquitismo o la adición del yodo a la sal para evitar el bocio, o bien, para reducir factores de riesgo de enfermedad y promover la salud, como es el caso de la suplementación de la dieta de los mayores con vitamina B12 para contrarestar su deterioro cognitivo, aspecto este último bastante más controvertido, toda vez que la manifestación de los efectos adversos de los micronutrientes depende de la variabilidad interindividual, la biodisponibilidad, la forma química y la interacción con otros micronutirientes, aspectos que todavía no están claramente identificados.

El aspecto de más actualidad en este sentido es el del ácido fólico o vitamina B9 (imagen: visualización al microscopio), que siendo fundamental para la embarazada en el desarrollo neuronal del niño (específicamente del túbulo neuronal para evitar la espína bífida), no dejan de tener un margen de seguridad bajo y su exceso parece inducir al deterioro cognitivo para mayores de 65 años al coincidir con bajos niveles de vitamina B12, así como inducir también al cáncer, a pesar de que, curiosamente, bajos niveles de ácido fólico parecen predisponer al cáncer de colon. Todo esto explica las diferencias entre las políticas de los distintos países observando como en EEUU se ha hecho obligatoria la fortificación de las harinas con ácido fólico, mientras en Europa sigue siendo una actividad voluntaria. Queda atrás, por tanto, aquella simplicación que nos decía que las vitaminas hidrosolubles carecían de toxicidad por eliminarse su exceso a través de la orina.

Es evidente, por tanto, que se requiere más investigación. En este sentido el proyecto NU-AGE, financiado por la Comisión Europea pretende rellenar este vacío de conocimientos actual, sobre cómo la dieta puede influir en el desarrollo de las enfermedades relacionadas con la edad y en el declive funcional y cómo podemos contrarestarlo.